José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: Aprender a luchar por lo que se quiere
Author: José Luis Duarte Rivera
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Si le compramos una golosina a nuestro(a) hijo(a), ¿se la acaba toda inmediatamente o es capaz de guardarla para disfrutarla después, e incl...
Si le compramos una golosina a nuestro(a) hijo(a), ¿se la acaba toda inmediatamente o es capaz de guardarla para disfrutarla después, e incluso de guardar una parte para el día siguiente?

A través de su libro “Inteligencia Emocional”, Daniel Goleman divulgó un estudio que se hizo con niños de cuatro años de edad en el que estando en una habitación donde había una golosina a mano, el evaluador le indicaba que si deseaba comérsela podía hacerlo, pero que si esperaba a que él regresara en unos 15 o 20 minutos podría darle otra para que se comiera dos. Más de doce años después, los chicos fueron nuevamente evaluados al final de la secundaria para medir sus actitudes frente a la vida y su rendimiento académico. Los resultados fueron contundentes: quienes habían sido capaces de postergar la gratificación, es decir de esperar a que el evaluador regresara para tener dos golosinas en vez de una, eran socialmente más competentes, más eficaces, más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones.

Aprender a controlar los impulsos es la principal meta en el camino hacia la humanidad. Los animales siguen su instinto y actúan según sus impulsos, pero los seres humanos tenemos la capacidad de discernir y tomar las decisiones con base en aquellos objetivos que más nos convengan.

Puede sonar fuera de lugar pedir a un preescolar que tenga paciencia, pues parece
bastante obvio que a esta edad niños y niñas tienen una gran fuerza interior y desbordante energía que a veces pareciera indicar que lo quieren todo “ya”. Pero, poco a poco, con juegos, nuestro ejemplo y preguntas que les hagan pensar sobre su comportamiento y lo más conveniente para alcanzar sus objetivos, podemos ayudar a nuestros hijos a orientar su comportamiento hacia la consecución de metas.

Es común que un preescolar se impaciente o se frustre cuando no consigue lo que desea, como armar algo, hacer un nudo o sostener el papel para engomarlo y pegarlo. Nuestra ayuda para relajarse y hacerle pensar sobre lo que está haciendo y lo que podría hacer para lograr su objetivo, es clave.

Comprar una golosina o un juguete en el supermercado y esperar a llegar a casa para
disfrutar a sus anchas debiera ser la rutina normal. En las comidas, aunque el postre nunca debe utilizarse como premio por haberse acabado toda la comida, terminar primero lo salado para disfrutar el postre sí ofrece una lección de postergación de la gratificación. Además, guardar un pedazo de su pastel favorito en lugar de devorarlo todo, también enseña autocontrol.

En la primera infancia se programa el comportamiento adulto. Muchos adultos que no
son capaces de mantener una dieta o terminar una carrera, seguramente no tuvieron la atención de sus cuidadores para enseñarles a sacrificar algo con tal de obtener un beneficio mayor. Demos a nuestros hijos ahora esta oportunidad. Está en nuestras manos enseñarles con mucho amor y creatividad estrategias para aprender a tener paciencia y perseverar en lo que se desea.

Conocerse a sí mismos, es fundamental. Los niños del estudio que lograron esperar al evaluador sin comerse la golosina, fueron capaces de distraerse a sí mismos, cantando, hablándose e incluso tapándose la cara para no ver la tentación. Sabían qué querían y qué les ayudaba a conseguirlo.

Mónica Sulecio de Álvarez
Fuente: De padres a hijos

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