José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: ¿Relaciones de corto o largo recorrido?
Author: José Luis Duarte Rivera
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Cuántas veces te has preguntado ¿por qué los sentimientos no son suficientes para mantener viva una relación? Antes de que el odio o el des...
Cuántas veces te has preguntado ¿por qué los sentimientos no son suficientes para mantener viva una relación? Antes de que el odio o el desamor surjan como producto de la frustración, la costumbre o la exigencia, hay un momento previo en que te das cuenta que sólo quererse no es suficiente, que la relación se agota. El aburrimiento, la irritación y el pesimismo te rondan, sin embargo, le quieres, y sabes que el otro también. Intuyes que algo falta y también que la noche oscura se pliega sobre los dos, pidiendo que se reconozcan los elementos que no están integrados, y que son la raíz, el árbol, las ramas, las hojas y flores por donde corre la savia viva. Sin embargo, el árbol ahora está habitado por la sequedad, un triste anuncio de la muerte de la relación.

La fragilidad es tremenda. Precisamente por ello, esos instantes de lucidez casi siempre se evaporan o se ignoran. Te da miedo confrontar tus temores pasando por alto que pueden convertirse en la gran oportunidad para el cambio. Antes de que la confrontación sea imparable y se apodere de la relación, hay un tiempo que si te atreves al revolcón y a transitar por la incertidumbre, donde parece que todo se rompe, al final del túnel, la relación renace a lo que es posible, a la transformación de ambos, y a una complicidad duradera.

Quizás ahora te preguntes por qué hay que pasar por ese tránsito, casi siempre enriquecedor, sin embargo incierto y desestabilizante. No tiene por qué. Hay un ejercicio que creemos hacer cuando empezamos una relación: el conocernos para saber si podemos ser felices al lado de la persona que tanto nos mueve internamente. Creemos tenerlo claro, y nos embarcamos en la relación.

Sin embargo, pasada la etapa de enamoramiento e incluso años de convivencia, somos conscientes con hastío o con dolor, que aproximar afinidades fue una tarea que no se supo hacer, o que no se sabe muy bien si se evitó, o si se eludió abordar con la valentía y eficacia necesaria en algún momento del camino.

La relación se va agotando lentamente, casi desde el primer momento porque se ha concebido y estructurado en su base como una pareja de corto recorrido, casi siempre sin saberlo, y sin tener conciencia de ello. Entonces un día te sorprendes porque tienes delante la papeleta de una relación disfuncional y con una pregunta que da vueltas y vueltas en tu cerebro: ¿por qué me pasa a esto a mí?

¿Cómo es posible que después de 9, 12 o hasta 24 años de relación se den unos sentimientos profundos, una necesidad imperiosa de la compañía del otro, y sin embargo, lo que haría posible compartir y hacer pareja de verdad, no ocurre? ¡Está negado!

Tampoco hay que irnos demasiado lejos. La dinámica de la mayoría de las relaciones son de corto recorrido. A veces de unas semanas, o de un día para otro. En tan poco tiempo las agotamos y pasamos por las mismas fases de relaciones largas, pensando que así nos ahorramos un sufrimiento lento. ¿Pero ese es el problema realmente?

¿Es cuestión de prisas?, o como la mayoría piensa, es que realmente estar con otro más tarde o más temprano se acabará y te aburrirás; o se aburrirá el otro y te dejará. ¿Por qué queremos convencernos de ello?

Quizás sea una estrategia que nos da grandes beneficios pese a que nos hace rompernos la cabeza, al tiempo que vamos de una pareja a otra, y nos sentirnos permanentemente insatisfechos. O lo contrario, nos quedamos en una relación aguatando lo que haga falta. ¡Eso mejor eso a estar solos!, nos hemos dicho muchas veces.

Ciertamente la posibilidad de compartir con el otro se diluye, y la soledad envuelve a ambos miembros de la pareja en cualquiera de las situaciones descritas. Cae sobre ti el vacío y la imposibilidad, sin saber para qué estoy viviendo lo que vivo, y cuál es el sentido de caminar con otro, o al lado del otro, o a miles de kilómetros de distancia aunque se comparta el mismo el espacio.

¿Qué es lo que hace a una relación de corto recorrido ?
En las anteriores entradas he ido explorando el proceso de intolerancia perceptiva, la dificultad para lateralizar el pensamiento y la construcción de imágenes sobre quién es el otro, como manifestaciones de un proceso de deterioro en la comunicación en pareja que tiene como efecto colateral una ruta oculta de ruptura.

Una especie de olvido de sí mismo y del otro, de los valores, cualidades, así como de las posibilidades que tenía en un primer momento la relación y que auguraban felicidad y amor duradero.
Un elemento común en las relaciones de corto recorrido es la búsqueda de felicidad conectada a una fuente centrada en el placer, entendida como el querer alcanzar esa felicidad poniendo el foco en un estímulo exterior a nosotros: en este caso, nuestra pareja, o en alguien que nos gusta porque nos sentimos profundamente atraídos por ella. Es la búsqueda de un placer ya sea sexual, emocional o mental que me aleje de la posibilidad de estar en mí como fuente de mi propia felicidad. Tenemos fuertemente asociada a la palabra felicidad una respuesta placentera.En este sentido Deepak Chopra en su libro “El camino hacia el Amor” nos dice: “Toda respuesta depende del estímulo, así como el placer sexual depende de que se nos excite y estimule. Este hecho innegable hace que incontables personas caigan en pánico al desvanecerse su fuente de placer. Quienes rebotan de un fracaso matrimonial a otro, exhiben, en su forma más plena, esas ansias de estímulo”.Para este doctor en medicina y endocrinólogo la solución a las relaciones de corto recorrido consiste en hallar una fuente de felicidad más allá del placer, puesto que la búsqueda del placer no puede ser independiente del estímulo exterior. “Mientras el Amor sea placer, su final es previsible: un triste debilitamiento hacia la indiferencia y la inercia”.Las investigaciones en bioquímica respaldan las afirmaciones de Deepak Chopra. La serotonina es un neurotransmisor químico asociado al placer, y sus niveles altos nos provocan una sensación de bienestar, e incluso su insuficiencia se asocia a estados depresivos. Pareciera obvio que el estímulo cerebral a través de la serotonina nos mantendría en la felicidad.Sin embargo este investigador nos indica que por desgracia no es así. El estímulo se desgasta. “Si se repite el mismo estímulo, nuestras respuestas se debilitan con el tiempo. El sabor que en otros tiempos no pareció tan dulce se torna rancio y empalagoso; la cara que antes nos encantaba pasa a ser vulgar; el espectáculo más excitante pasa a ser mera parte del panorama”.De allí que sea importante hallar nuestra felicidad sobre una base que no cambie. Y considera que la solución está en el Amor, pese a ser un elemento abstracto, aunque reconoce que si prescindiéramos de las sensaciones agradables asociadas a él, tendríamos dificultades para definir la experiencia de amar.“El Amor tiene el poder de curar, de revelar la esencia divina, de restaurar la fe en el propio Ser, de poner la armonía en todos los planos de la existencia… y todos estos efectos van mucho más allá de las sensaciones. Son resultados tangibles basados en el espíritu”.Una visión que puede abrirnos al debate sobre si merece la pena salir de la dinámica de relaciones de corto recorrido, o paralizadas, y en especial, indagar entre una motivación orientada al exterior, sólo al placer tangible, o conectar internamente con el Amor que nos propone Deepak Chopra.

Graciela Large.

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