José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: Los celos, ¿matan o alimentan?
Author: José Luis Duarte Rivera
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Toda relación hunde sus raíces en el tumultuoso mundo de las pasiones y nos lanza a una aventura emocional de cuyo desarrollo no siempre so...
Toda relación hunde sus raíces en el tumultuoso mundo de las pasiones y nos lanza a una aventura emocional de cuyo desarrollo no siempre somos dueños. Los celos serían uno de esos mil rostros que adopta el amor sin nuestro consentimiento. Cupido agudiza el sentido de la posesión y nos dejamos invadir por un sentimiento de codicia hacia el ser querido en la creencia de que nos pertenece en cuerpo y alma. En las empresas del corazón no queremos a nadie por socio, y gozar del otro en régimen de exclusividad se convierte en el privilegio pactado de un egoísmo consentido. 

Frente a los caprichos de la Fortuna, el miedo a perder al amado en brazos de un tercero se cuela por las fisuras de nuestra autoestima y se proyecta sobre el pasado, el presente y el futuro. Alimentar este temor lleva a contemplar al resto de los mortales como posibles rivales y a entrar en una espiral de competencia. Al calor de lo que se vive como una traición u ofensa larvada acuden en cortejo la inquietud, la sospecha y la desconfianza. 

Dentro de un orden, los celos forman parte de un juego de halagos mutuos; nos enorgullece despertar ese sentimiento en el ser querido, a quien devolvemos el cumplido con las mismas; pero resulta peligroso emplearlos como estrategia para estimular el interés del otro. Con eso de que la confianza mitiga el deseo y el temor aviva sus llamas, en ocasiones exploramos nuestra capacidad de conquista para que la alarma se dispare. ¡Ojo, esta táctica puede volverse en contra y desencadenar consecuencias no deseadas!. 

Los celos fundados o infundados acechan a cualquiera, pero no todo el mundo sabe dosificar su efervescencia. Un temperamento apasionado no concibe el amor sin ellos y sucumbe a su embrujo de una forma visceral, mientras que los de talante frío invocan a la razón para no caer en lo que consideran una bajeza. La seguridad que nos inspira la relación que tenemos entre manos también influye a la hora de alentarlos o desecharlos. 

Como pájaro de mal agüero, la suspicacia anida en el corazón celoso; con sus radares siempre alerta capta el mínimo detalle y su mente calenturienta pone el resto. En su afán por dar crédito a todo lo peor, adopta el papel de policía y mantiene a su pareja bajo sospecha permanente. La vehemencia de esta pasión conduce a los celos patológicos, una enfermedad obsesiva que destruye todo entendimiento amoroso. Recuerde que aunque en pequeñas dosis pueden ser afrodisíacos, abusar de ellos resulta letal para el amor.

Isabel Salama

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