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Title: La violencia envuelve a región de RDC que solía ser pacífica
Author: José Luis Duarte Rivera
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Un padre es parte de los más de 1,3 millones de personas de la Región de Kasaï que huyen de una guerra que nunca esperaron ver. El padre ...
Un padre es parte de los más de 1,3 millones de personas de la Región de Kasaï que huyen de una guerra que nunca esperaron ver.
El padre congoleño Bernard, de 25 años, se sienta en el piso de una antigua clínica en la ciudad de Idiofa, provincia de Kwilu, con sus hijos. © ACNUR / John Wessels

Bernard* es un hombre fuerte y saludable de 25 años, padre de tres. Él no parece el tipo de persona que se ve fácilmente afectado por la vida. Pero ahora está completamente perdido.

“Los niños continúan preguntándome, ¿papá, dónde está mamá? Piensan mucho en ella y lloran”, dijo él. “Algunas veces tomo mi celular y pretendo hablar con ella, y les digo que ella vendrá pronto. Pero eso ya nos les da calma”.

Para Bernard, un fatídico día de abril cambió su vida. Él estaba en su oficina en la Región de Kasaï, en la República Democrática del Congo (RDC), agendando los exámenes finales para la escuela donde él trabajaba como administrador.

“De repente escuché personas llorando y corriendo”. Él supo que un grupo de rebeldes, que había surgido en la zona, estaba lanzando un ataque en las cercanías.

Sorprendido, corrió a su casa. “Cuando llegué a mi calle, vi mi casa en llamas”, dijo. “Todo estaba perdido, todo estaba completamente quemado”.

Bernard abraza a sus hijos, Raoul, de dos años, y Ramazani, de cinco. “Encontré a mis hijos solos, llorando y asustados”. Cuando corrió hacia ellos, vio a su esposa en la calle. Ella había sido brutalmente asesinada por los rebeldes, que se veían todavía por docenas.

Él no pudo encontrar a su hija de siete años, Ngalula, y hasta el momento no sabe qué ha pasado con ella.

Ahora él se sienta estoico en una banca de madera fuera de la antigua clínica en Idiofa, una ciudad en el centro de la Provincia de Kwilu, 500 kilómetros al este de la capital, Kinshasa.

Mientras sus hijos corretean y juegan en la cercanía, él recuerda lo diferente que era su vida hace tres meses. “Teníamos una vida muy buena. Yo recibía mi pago cada mes. La casa familiar tenía cuatro habitaciones, techo con 53 láminas de hierro y una televisión”.

“Nunca antes habíamos escuchado disparos”.

Ahora ellos son parte de los 1,3 millones de personas que se han desplazado internamente debido al conflicto que ha devastado la región de Kasaï en los meses recientes, una zona que es casi tan grande como Alemania, y que se encuentra en el corazón de la RDC.

La región de Kasaï era conocida por su estabilidad, que le había permitido a sus residentes vivir en paz. Todo eso cambió el año anterior cuando la violencia de los rebeldes, seguido por la represión del ejército, llevaron al área al caos.

Todo inició en agosto, cuando un jefe tradicional, Jean Pierre Mpandi, mejor conocido como “Kamuina Nsapu” fue asesinado en un choque con las autoridades congoleñas. Para inicios de 2017, el conflicto estaba disperso por varias provincias, con muchos grupos rebeldes emergiendo, la mayoría de ellos decía pelear contra el Gobierno.

Bernard, como muchas otras personas, está experimentando el conflicto por primera vez. “Nunca antes habíamos escuchado disparos”, dijo él.

Él y otras personas huyeron de la ciudad hacia el espeso bosque, que era tan denso que “incluso a medio día parecía de noche”. El grupo evitó las carreteras principales debido a la presencia de los rebeldes. Pero teniendo muy poca comida o agua, algunas personas murieron durante el viaje de dos semanas hacia la seguridad.

En el camino encontraron apoyo ocasional de los aldeanos, que les dieron albergue y algo de comida. Bernard continúa agradecido por la inesperada asistencia, aunque todavía lucha por entender por qué ellos fueron atacados. “No entiendo cuál es el objetivo de esta guerra. Nos hemos convertido en víctimas de algo que no comprendemos”.

A un par de kilómetros de distancia, Francois, un hombre en sus cincuenta años, encabeza un grupo de 10 hombres y una mujer que carga a un bebé al entrar a la ciudad de Idiofa. Como Bernard, ellos han caminado por semanas a través del bosque.

“En casa, yo solía ser profesor”, dijo Francois. Él explicó que perdió a su esposa y a sus dos hijos. El grupo continúa a la clínica donde también se hospeda Bernard.

“Cuando llegué a mi calle, vi mi casa en llamas. Todo estaba perdido”.

A diario llegan cerca de 100 personas a Idiofa, a menudo a pie, mientras que otros más van a las ciudades cercanas en la provincia. Actualmente hay 350 personas desplazadas en la clínica, con hasta 50 personas durmiendo en una habitación, sobre el suelo.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, está trabajando con una ONG local, la Asociación para el Desarrollo Social y la Salvaguarda del Ambiente, para brindar comidas calientes y agua a los recién llegados. Este apoyo ha alentado a más de 3.000 desplazados alojados por familias locales, en iglesias y en mezquitas, a continuar su camino para ser incluidos en las listas de beneficiarios.

“El proceso es importante, ya que ayuda a identificar las personas vulnerables como niños no acompañados, quienes necesitan apoyo especial”, dijo Ann Encontre, representante del ACNUR para África Central.

“Estamos trabajando con socios locales para apoyar a las personas desplazadas, mientras nos enfocamos en proteger a las personas más vulnerables”, añadió ella.

Bernard y su familia están agradecidos de estar vivos, pero el dolor de perder a su hija aún lo persigue. “Yo la amo tanto, pero no sé cómo podré verla de nuevo”, dijo él. “Tal vez ella huyó con un mujer con un buen corazón”.

*Los nombres fueron cambiados por razones de protección.

Andreas Kirchhof
Fuente: ACNUR

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