José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: ¿Cómo identificar el acoso sexual y la violencia de género en la pareja?
Author: José Luis Duarte Rivera
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Para poder prevenir la violencia contra las mujeres, incluyendo la violencia en la pareja, es necesario conocer los distintos tipos de viol...
Para poder prevenir la violencia contra las mujeres, incluyendo la violencia en la pareja, es necesario conocer los distintos tipos de violencia de género que existen e identificar a tiempo las señales

Cuando escuchamos hablar de violencia contra las mujeres, y de los múltiples casos de violencia extrema que ocurren a diario, pareciera fácil pensar que eso nunca nos va a pasar en nuestras relaciones, o que esas situaciones solo se dan en determinadas comunidades o clases sociales.

Sin embargo, las cifras dicen todo lo contrario. Si eres mujer, en México y el mundo, es prácticamente seguro que en algún momento de tu vida sufrirás algún tipo de violencia, ya sea física, sexual, psicológica, patrimonial, económica.

Según datos de ONU Mujeres, se estima que el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo ha sufrido o sufrirá violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida. Otros estudios nacionales demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida.

La última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, realizada a mujeres divorciadas, separadas y viudas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2011, arrojó que 81.93 por ciento de las encuestadas manifestaron que sufrieron algún tipo violencia mientras estuvieron unidas. El censo indica que la violencia psicológica se coloca en el primer sitio, con 78.54%.

¿Por qué a veces puede ser difícil identificar la violencia contra las mujeres?

Considerando que la violencia contra las mujeres es una de las más frecuentes en todo el mundo, parece más difícil entender por qué a su vez puede llegar a ser tan complejo identificarla. Una de las razones tiene que ver con los patrones culturales y sociales aceptados en una determinada sociedad, los cuales aceptan como “normales” ciertas relaciones e interacciones entre mujeres y hombres que en realidad son un síntoma de una sociedad desigual que necesita cambiar con urgencia.

Estas actitudes y comportamiento con frecuencia involucran situaciones donde los hombres se sienten con la libertad de hacer comentarios que pueden incomodar a una mujer, o de buscar algún tipo de acercamiento íntimo no deseado, como un beso o un roce “casual”. Este tipo de violencia contra las mujeres es compleja porque puede llegar a parecer muy sutil, por lo que las mujeres no están seguras de qué hacer o cómo reaccionar, o incluso porque en algunas ocasiones los hombres no están conscientes de que estas actitudes representan acoso sexual o violencia de género.

Las costumbres, la educación e incluso los medios de comunicación también contribuyen a “invisibilizar” o “normalizar” muchos tipos de violencia contra las mujeres. Esto ocurre cuando se reproducen actitudes y comportamientos violentos que, aunque a veces no son tan evidentes, promueven la desigualdad en forma de roles y estereotipos de género que discriminan, fomentando relaciones de poder y control por parte de los hombres, colocando a la mujer en un papel de sumisión y subordinación.

En suma, es importante que estemos conscientes de que ciertos roles y estereotipos de género pueden ser generadores de violencia. Entender que cualquier interacción que se sienta extraña o incómoda para una mujer puede constituir (y con frecuencia lo es) una forma de acoso sexual y violencia de género; que una relación de pareja saludable y libre de violencia es aquella donde las dos personas tienen los mismos derechos y obligaciones, donde hay respeto a la privacidad, libertad para realizar actividades tanto en pareja como con otras amistades, y donde los celos no se usan como una herramienta de control o poder, limitando el desarrollo de la otra persona.


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