José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: Transforma lo cotidiano en extraordinario
Author: José Luis Duarte Rivera
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Solemos valorar las cosas cuando ya no las tenemos. La costumbre hace que pasemos por alto los detalles, la importancia, la belleza y hasta...
Solemos valorar las cosas cuando ya no las tenemos. La costumbre hace que pasemos por alto los detalles, la importancia, la belleza y hasta el disfrute de los pequeños momentos que forman nuestro día a día. La vida es una sucesión de pequeños momentos que se suceden en el presente y que una vez que pasan se acumulan en la memoria.

La mayoría de nuestros momentos son, en realidad, pequeños y cotidianos, como levantarnos, tomar el desayuno, el encuentro con las demás personas, sentir el sol y el viento sobre nuestro rostro. Experiencias que pasan desapercibidas en medio de la rutina que nos absorbe y distrae nuestra atención, para desaparecer rápidamente sin que podamos muchas veces detenernos, para observarlos y vivirlos intensamente. Por esto, muchos solo prestan atención a las grandes vivencias, como por ejemplo, la primera vez que hicieron algo que los emocionó profundamente. Viven a la espera de los grandes momentos, de las experiencias intensas, aquellas que traerán emociones fuertes, fama, el reconocimiento de los demás, o que los harán sentir vivos por el gran riesgo que implican. En esta espera se les pasa la vida, al no poder disfrutar de los pequeños, pero esenciales, momentos y experiencias, que constituyen nuestra cotidianidad y el contacto con los demás. Tomemos la decisión de transformar esas experiencias cotidianas en extraordinarias, reconociendo el valor, la importancia, el milagro, la belleza y el bienestar o la felicidad que nos regalan, si somos capaces de apreciarlas y agradecerlas, en lugar de hacerlo cuando estamos a punto de perderlas o simplemente porque ya pasaron, sumiéndonos en el arrepentimiento y la frustración de no habernos dado cuenta en su momento.

Si aprendemos a mirar la vida como lo hicimos cuando fuimos niños, sin el peso de lo vivido y sin la angustia de todo lo que deseamos hacer o conseguir, podremos disfrutar mucho más la vida.

Piensa en tus hijos por un instante si los tienes y están pequeños, ellos son capaces de disfrutar los eventos cotidianos como el momento de tomar el baño, el momento de comer, de jugar contigo, sin tristezas del pasado ni expectativas hacia lo próximo que harán, con toda su atención puesta en el aquí y el ahora.

Las personas que han vivido y superado una experiencia fuerte y traumática, regresan con los sentidos despiertos y atentos a vivir con intensidad y gratitud los pequeños momentos que le dan sentido a sus vidas, como levantarse cada día, compartir con sus personas queridas, disfrutar la salida o la puesta del sol, de una comida, reconocer los detalles y la magia que envuelve muchas veces lo que nos sucede a todos a diario y a lo que pocas veces le prestamos atención.

Estamos tan acostumbrados a vivir con prisa, a correr todo el día, para hacer más y sentirnos o mostrarnos eficientes, efectivos y exitosos, que buscamos acortar el camino, encontrar atajos, apurar a los demás, en especial a aquellos que pensamos que no nos dejan avanzar a más velocidad, como si de esta manera pudiéramos ser más felices, cuando en realidad, la prisa no nos deja disfrutar del recorrido, del proceso, del encuentro, de la conversación, de la compartida, de estar juntos, de conseguir las cosas y celebrarlas y de tener tiempo.

Aprendamos a valorar el regalo de estar vivos, decidamos convertir los momentos pequeños y cotidianos en experiencias extraordinarias, quitémosle importancia a lo que definitivamente no la tiene y bajémosle la velocidad a nuestra actividad diaria, para poder prestar atención a los detalles y reconocer todo lo bueno, lo especial, lo importante, lo mágico y maravilloso que nos sucede cada día.

Maytte Sepúlveda


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