José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: Necesito un tiempo por Merlina Meiler
Author: José Luis Duarte Rivera
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¿Qué sucede cuando uno de los dos miembros de una pareja pide un tiempo? ¿Inevitablemente, se acabó el amor? En esta nota de Danie...

¿Qué sucede cuando uno de los dos miembros de una pareja pide un tiempo?

¿Inevitablemente, se acabó el amor?

En esta nota de Daniela Ceccato (publicado en la revista “Entrecasa”), va incluida también mi opinión sobre el tema.

“Necesito un tiempo”. Es difícil decirlo y más difícil aún escucharlo. La primera sensación de quien recibe esta noticia es preguntarse cosas como “¿ya no me ama?”, “¿se cansó de mí?” y acaso también “¿estará con alguien más?”. Por todo esto, lo primero será saber si lo que de verdad se quiere es un tiempo, o si lo que hay es una incapacidad de poner fin a una relación que fue muy significativa para nuestras vidas, pero que ya terminó, y nos cuesta asumirlo. Ahora, cuando de verdad la pareja pide, necesita, un cambio, lo ideal es que alguno de los dos pueda pedirlo. Y que el otro, quien lo recibe, pueda estar abierto a su significado. “Cuando hay un planteamiento de tiempo, debe existir una crisis individual, porque uno es el que se anima a demostrar o plantear su malestar. O de los dos, porque sienten que el vínculo cambió y no se encuentran bien en la relación”, señala la psicóloga mariana Goldring. Ya sea por peleas eternas, aburrimiento, otra persona dando vueltas, cansancio, ¿conviene o no pedir un tiempo?

En No sos vos, soy yo, la película de Juan Taratuto (estrenada en 2004), sus protagonistas Javier (Diego Peretti) y María (Soledad Villamil) se acaban de casar para conseguir la green card y mudarse a estados unidos. Ella es quien viaja primero y, por teléfono, le comunica a Javier que mejor no vaya, que necesita un tiempo. Él, por completo desprevenido, no entiende nada; pero le hace caso y se queda a esperarla. Hasta que ella le dice que conoció a otro: entonces el mundo de Javier se derrite en sus manos. Sucede que, en las relaciones amorosas, nadie zafa de los malos ratos. Las parejas que ya llevan bastante tiempo juntas están acostumbradas a los vaivenes de la vida cotidiana. Y como han vivido varias etapas (primeros pasos en la profesión, elección del nidito de amor, el nacimiento de un hijo, entre otras), pasaron también por distintos sentimientos: de enojos rabiosos a la dulce reconciliación, de la primeriza pasión desbordada a una meseta sexual implacable. Hablaron mucho y tuvieron silencios eternos. Así, cada pareja vive sus distintas fases como puede o como le sale.

Según Merlina Meiler, coach con un máster en programación Neurolingüística, a cargo de la web www.mejoraemocional.com(ganador premio mate.ar mejor Weblog 2010), que uno de los dos pida un tiempo “indica, por lo general, que necesita poner distancia y ver las cosas en perspectiva. No implica, necesariamente, una separación definitiva ni que haya otra persona. Las separaciones temporales suelen situarnos en un lugar de bastante vulnerabilidad. Tanto en el caso de una convivencia como de residir cada uno en su hogar, la realidad es que no sabemos qué va a suceder y, por lo general, tememos lo peor”.

“Cuando hay un planteamiento de tiempo, seguro que hay una crisis, porque uno es el que se anima a demostrar o plantear su malestar”. (Goldring)

“Las parejas caen en letargos que dan lugar a dudas y desde ya un sacudón como lo es una separación puede lograr que la pasión renazca”. (Merlina Meiler)

Amalia (35), docente, cuenta que cuando decidió pedirle un tiempo a su marido fue porque, en realidad, sentía que había alcanzado una comodidad que no le permitía ver si estaba con él por amor o porque ya era costumbre. “Fue un tiempo difícil para mí, aunque necesario. Empecé terapia con urgencia, porque tenía una angustia tremenda. ¡No podía ser! En mi vida todo estaba bien y eso me hacía mal. Entonces, creía que en realidad no estaba todo ‘tan bien’, sino que yo no podía ver la realidad: ‘que tenía que estar sola’. Mi mejor amiga estaba en proceso de separación (al igual que otros conocidos) y yo me sumergí en sus dramas; sin darme cuenta, los tomé como propios. Es como que veía que a mi alrededor las relaciones no eran tan fáciles para los demás, y pensaba que así debía ser. Hablé con mi marido, quien no entendía nada. Le pedí un tiempo, le expliqué que quería probar de estar sola y él, con una seguridad enorme, me dijo que no: que pensara en esos días, pero que si se separaba, se separaba; nada de ir y volver. Su seguridad me contagió, fue como un cachetazo, me hizo reaccionar de que casi cometo el peor de los errores, dejar mi relación con él porque ‘tenía dudas’. Obvio, que estas dudas pasaron a otras áreas de la vida que traté con mi psicóloga”.

Como bien explica Meiler: “Muchas veces, este tipo de situaciones sirven realmente para fortalecer a la pareja. El ser humano es propenso a no valorar todo lo que tiene y a darlo por sentado, y el terreno de los vínculos amorosos no es ajeno a esta tendencia. Las parejas de larga data suelen caer en importantes letargos que, en ciertas ocasiones, dan lugar a dudas existenciales: un sacudón tal como una separación puede lograr que la pasión y el interés renazcan”. Aunque Amalia no llegó a separarse ni por un minuto, dice que sintió muy fuerte “cómo sería el estar sin él y realmente no lo soporté. Fue un sacudón al corazón muy fuerte. Para mí fue súper necesario, ya que me ayudó a ver lo que tenía frente a mis ojos: una relación amorosa muy buena. Claro que peleamos, discutimos y todo lo habitual de dos personas que conviven; pero nos amamos y eso es muy vital. Además, cada uno tiene su espacio y, aunque tenemos una rutina marcada, tratamos de hacer cosas distintas cada semana”.

“¡Necesito respirar!”, le dijo la mujer a Ramiro (29), empleado, y a él, que no se la veía venir, esta frase le quedó resonando: “¿Qué significa? Me pregunté más de una vez, ¿que la relación la asfixiaba o que yo no la dejaba respirar?”. Es que nadie quiere, ni está preparado para escuchar esto. Pero un día, nuestra pareja nos despabila con su pedido. ¿Cómo no nos dimos cuenta de que el otro estaba harto de la relación?

Atónitos, no sabemos qué hacer. Es habitual, cuenta la especialista Goldring, porque: “La persona que se entera de este planteo, por lo general, es tomada por sorpresa, porque negó a que había cambios o indicios en la otra persona. También, puede que supiera que la relación estaba mal, pero no estar de acuerdo en que el otro se vaya, porque siente que está todo bien y se puede arreglar. Puede pensar que existe otra persona. Puede enojarse, o bien proponer asistir a terapia por su cuenta o de pareja”. En fin, cada uno lo tomará como pueda. Ramiro comenta que cuando su mujer le pidió un tiempo, se quedó helado: “No me lo esperaba para nada. Es verdad que veníamos discutiendo por cualquier cosa. Ella trabajaba mucho y yo, desde hacía tres meses, estaba sin trabajo. Estaba muy mal y ni yo me aguantaba. Ella, aunque intentaba levantarme el ánimo, prefería las más de las veces quedarse a trabajar hasta más tarde. Me evitaba. Hasta que un día, me vino con este planteo. Me dijo que me amaba, pero que necesitaba un respiro, porque mientras yo quería que tuviéramos un hijo, ella solo quería terminar la carrera y crecer en su profesión. Además, ella sentía el peso de haber estado solo conmigo en la cama; y no soportaba que yo sí tuviera un pasado. La verdad es que la amaba tanto, que le di un tiempo. Como estábamos viviendo en un departamento que me había dejado mi tía, fue ella la que se fue. La pasé terrible. Al principio, pensaba que me iba a extrañar e iba a volver pronto. Sin embargo, el tiempo pasó y, aunque nunca pusimos una fecha y ella me repetía que yo era el hombre de su vida, la relación se terminó definitivamente.

Pasé un año esperando, hasta que le dije que basta, que no iba a esperarla más. Y ella decidió seguir así. Fue muy duro, y con el paso de los años me di cuenta de que, en realidad, ella se había desenamorado y no lo podía decir en voz alta. A mí no me quedó otra que desenamorarme también”.

Aunque, en este caso, el vínculo llegó a su fin, no siempre sucede esto. De todas formas, vale recalcar que, en esta relación, el pedido de tiempo sirvió como amortiguación al gran golpe de querer separarse porque uno de los dos dejó de amar. Darse cuenta de que el amor se acabó no resulta sencillo; y el tener que decirlo, menos aún. Pero, como aconseja merlina Meiler, si la pareja propone estar un tiempo separados, no creer que se avecina el fin de la pareja: “Preguntale bien en claro cuáles serían los términos de este nuevo estado (fijate si hay alguno al que no querés acceder y, en tal caso, sugerí alguna alternativa). Yo no me opondría a la decisión de él (o ella) de estar en soledad, ya que es mucho lo que podés ganar y negarte, probablemente, sumaría a la seguidilla de reproches o de momentos incómodos que se han sucedido y que han dado lugar a este pedido. Tomate este lapso para meditar sobre lo que sucedió. Estoy segura de que has escuchado palabras a las que has hecho oídos sordos en variadas ocasiones.

O no has puesto los límites requeridos y tu imagen ha ido bajando con el tiempo. O has tenido actitudes que molestaron a ese ser querido y recién ahora te das cuenta de que podés perderlo. Tener en claro qué motivó esta situación es la clave para hallar una solución y para tomar medidas reparadoras que den lugar a la posibilidad de entablar un nuevo diálogo, más fluido y profundo”.

A los chicos, ¿cómo se lo decimos? 
Merlina Meiler es bien clara al respecto: “Con la verdad, sin dar demasiados detalles. Si uno de los dos se va de la casa, los niños deben saber exactamente dónde estará. Es preferible, remarca, no hacerlos partícipes de la decisión de la pareja; es decir, “el tema en cuestión es de los padres y ellos deben darles la noticia a sus hijos, cuando la decidan”. Sí, aconseja, preguntarles cómo se sienten y reafirmarles, en todo momento, que ellos no tienen nada que ver con los asuntos a resolver por sus mayores, que su mamá y su papá los aman más que a nadie y que ese amor permanecerá inalterable, independientemente de la decisión final.

Tiempo para… hacer un trato 
“Una pareja madura se forma con pactos o alianzas conscientes y otras inconscientes. El trabajo de estar en pareja es tener una buena comunicación, con respeto y confianza; en la que cada uno tenga espacios individuales y proyectos de pareja compartidos”, afirma Goldring. Amalia cuenta que, luego de esa crisis, se dio cuenta de que en realidad no tenía su propio espacio: “Aunque tenía una profesión y la desempeñaba, me faltaba algo. Al final de cada día laboral, lo único que pensaba era hacer algo con mi marido, y él siempre tenía un plan: cena con amigos, jugar a fútbol, etc. ¿Y yo? Nada de nada. Con mis amigas rara vez nos veíamos, una porque tenía a su bebé recién nacido, la otra porque no podía porque estaba haciendo un curso y trabajando. Entonces, decidí empezar un taller de pintura –algo que siempre me había gustado, pero dejaba de lado por excusas– y también gimnasia; y así encontré una buena manera de tener mi espacio, más allá de la relación”.

En definitiva, un tiempo, un espacio o como se lo quiera llamar, puede ser muy productivo. “Si la pareja supera la crisis juntos, crece y se fortalece. La mayoría de las veces, dentro de la convivencia; pero puede ocurrir que se distancie alguno (con o sin el visto bueno del otro). En los temas personales que no atañen a la pareja, pueden darse todas las opciones posibles de acuerdo a la tranquilidad, seguridad o no que tenga su partenaire”, explica Goldring. Por su parte, Meiler considera que el “mientras tanto” puede servir para registrar los planteos que haya hecho el otro y recomienda:

“Llega al meollo del mensaje que te han querido dar. No darse cuenta de lo que le pasa al otro, de sus necesidades y deseos provoca esa sensación de ‘mejor solo que con una persona que no me registra’. ‘Pensá de forma detenida en los cambios que harás. Nadie es perfecto y todos, absolutamente, precisamos realizar ciertas modificaciones en nuestra conducta o en nuestro carácter para que vivir con nosotros sea más placentero y para volver a ser deseados. No prometas cosas que sabes que no cumplirás”. Por último, aconseja que luego de decidir qué podés cambiar y qué no, elegí aquello que sabes vas a poder comprometerte o que harás el intento por modificar: “Si has dicho una y otra vez que dejarás de lado cierto hábito y no lo has hecho, no sería prudente volver a aducir lo mismo, ya que despertarás recelo y desconfianza en quien ha elegido esta separación temporal”.

En definitiva, la clave es tener una comunicación bien clara. Lo que más cuesta, ¿no? entender lo que el otro nos está pidiendo parece fácil, pero la mayoría de las veces hacemos oídos sordos y actuamos por inercia (y viceversa). Comprender que la persona con la que vivimos puede llegar a tener nuevas necesidades es importante para no victimizarnos ni anteponernos a sus deseos de cambios. Darle aire y aprender a escuchar son claves para cualquier pareja. La rutina nos pone en automático: llevamos los chicos al colegio, vamos a trabajar, volvemos a casa, preparamos la cena, hablamos de cómo fue el día; a veces, ni siquiera, y preferimos ver la televisión. En las relaciones de años, ya están las esencias de cada uno expuestas. No hace falta (creemos) remarcar lo bueno para que el otro nos ame. Ya nos ama.

Entonces, dejamos aflorar nuestro monstruo interior, el que hace de las suyas. Como en el TEG, tendremos que empezar a emplear tácticas y estrategias, pero para no atacarse. Pedir un tiempo cuando avecinamos una guerra y crear un plan neutral para, por fin, levantar la bandera blanca. Conquistar el corazón del otro una vez más, sabiendo qué quiere y qué no, puede ser la mejor estrategia para recomenzar la aventura del amor.

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