José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: Tienes que aprender a estar solo(a)
Author: José Luis Duarte Rivera
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Una amiga me dijo un día “tienes que aprender a estar sola” y yo me sentí con una carga encima tremenda…y luego me enojé porque precisament...
Una amiga me dijo un día “tienes que aprender a estar sola” y yo me sentí con una carga encima tremenda…y luego me enojé porque precisamente quien me lo decía no estaba sola y le ha costado mucho estarlo en cualquier época de su vida, así que decirlo no le costaba mucho, pero hacerlo es otra cosa.

La mayoría de las personas terminan una relación y se desesperan por tener otra pareja, rápidamente los hombres buscan con quién estar, así que en ellos el tiempo de soledad se reduce aún más que a las mujeres.

Las personas no entendemos esto de vivir solos y tenemos la ilusión que habrá alguien para acompañarnos en el camino, para salvarnos de ir solos a algún lugar, para que nos acoja, para que nos entretenga, para que se haga cargo de nosotros un rato o por siempre, en fin, lo que sea que cada uno necesite. Y digo ilusión porque no siempre sucede y porque el primero que tiene que hacer esto por nosotros es, precisamente, yo mismo. Ilusión también porque finalmente lo único que tenemos asegurado en la vida a parte de “ser solos”, es que todo, absolutamente todo está en un constante cambio, por lo cual, cualquiera que esté acompañado hoy, en un rato más puede estar muy solo.

Lo bueno de todo esto es que viviendo claramente en esta realidad, todo lo que llegue como compañía es un regalo, amigos, familia, conocidos, compañeros de trabajo, novios, animales, etc.

Volvamos atrás, la pregunta que la gente siempre hace, en plena crisis es: ¿Cómo se aprende a estar solo? , la respuesta es de a poco, como en la mayoría de las cosas buenas para nosotros, se requiere un trabajo personal.

Partir por saber que al estar solo no sucederá nada. Somos igualmente vulnerables solos que acompañados. También saber que estar acompañados no significa tener nada garantizado, ¿cuántas veces la persona que tenemos al lado debió habernos protegido y no lo hizo?, o ¿tal vez queríamos que nos acompañara en un momento difícil y desapareció?…y otras tantas estuvo y nos protegió pero nos quitó la posibilidad de enfrentarnos a la vida y crecer.

Mirarnos un rato en profundidad para descubrir exactamente cuáles son nuestros propios gustos es otro paso a estar solos y bien. A veces hacemos todo lo que otros quieren, vivimos a través de ellos, esperamos que generen cosas nuevas, que tengan éxito, que estén felices y se nos olvida que aparte de todas las buenas intenciones que podemos tener para otros, nosotros también tenemos las propias, tal vez un poco tapadas, pero las tenemos.

Gustos por el arte, la música, el deporte, la cocina, meditación, ciencia, lectura, naturaleza, fotografía, animales, exploración, viajes, conocimientos, autos, las caminatas, el baile, Internet, vídeos, hacer muebles, amistades, manualidades, idiomas, yoga….

También es bueno saber cuáles son entre todas las cosas que me gustan, las que me llenan el alma y me hacen sentir absorto durante su ejecución ya que son una profunda expresión mía, de manera tal que me sienta conectado “conmigo” al realizarlas, alimentado y feliz.

Conocerse entonces va siendo la tónica para estar solo, porque una vez que voy sabiendo qué me hace feliz puedo distinguir qué no ha sido bueno para mi y de qué me tengo que alejar.

Por otra parte la sociedad a veces es bastante discriminadora con las personas solas, en efecto las mujeres separadas son vistas muchas veces como una amenaza, otras pasan a ser una carga, y por último si se juntan parejas, las personas solas no son incluidas casi por defecto ya que nadie las recuerda al momento de planificar un encuentro.

Claro que ese es problema de la sociedad, no de los “solos”, y por ende, hay que ir generando una conciencia al respecto para que los amigos del que se quedó sin pareja lo sigan incluyendo en las reuniones, comidas, etc., porque no por quedarse sin compañía deja de ser persona. Así que no hay que creer que por estar solo uno debe ser discriminado o alejado, ni se merece no ser convidado. Finalmente si nos invitan a un lugar, seremos nosotros quienes decidamos nuestra asistencia y no la sociedad.

En la medida que nos vamos conociendo y definiendo nosotros mismos, tomando conciencia de lo que sí queremos, desechando las cosas, personas, conductas que no han sido buenas para nosotros, realizando actividades que nos hagan sentir bien y mirando con optimismo y claridad la realidad , entonces estaremos muy bien encaminados a estar solos y elegir la vida que queremos llevar.

Marcela Pezoa Bissières
Terapeuta


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