José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: La ruptura de pareja
Author: José Luis Duarte Rivera
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Las consecuencias Normalmente, las consecuencias en una ruptura de pareja suelen ser peor de lo que se imaginan los dos. La felicidad, ...
Las consecuencias

Normalmente, las consecuencias en una ruptura de pareja suelen ser peor de lo que se imaginan los dos. La felicidad, la autoestima, la economía… se dañan bastante.

Pero es aún peor si se compartieron varios compromisos ( amistades, propiedades y, ante todo, hijos) y había mucha intimidad entre ellos. Este malestar tiene dos motivos principales.

Motivos del malestar:

Antes de que llegue la ruptura los dos están preocupados por qué falta en la pareja, se enfoca en mirar lo negativo y las necesidades que no están cubiertas. Pero solamente después de la separación se dan cuenta de que sí que había algunas cosas cubiertas, cosas a las cuales no les daban importancia. Es en esos momentos que se echan de menos esos beneficios o satisfacciones.

El tiempo hace que dependan emocionalmente el uno del otro, cosa de la que no son conscientes, al menos no se dan cuenta hasta después de la separación. Cuando la ruptura es traumática viene acompañada de rechazo y hay que enfrentarse a él, pero cuando es amistosa vienen el sentimiento de arrepentimiento, las dudas, el sentimiento de culpa, etc. estas emociones se mantienen aunque la relación haya sido muy dolorosa y dañina.
Romper una relación sin matrimonio

-Parejas de poca duración.
Terminar una relación amorosa siempre es dolorosa en cualquier caso, pero está claro que hacerlo antes de casarse no es tan problemático.

Las parejas que no están casadas y rompen tienen unas cuantas particularidades frente a las que si están casados: tienen más diferencias en sus propósitos educativos, en la edad, inteligencia, el atractivo físico, a parte de que uno de los dos suele estar más enamorado que el otro, cosa que en las parejas que permanecen juntas hay un equilibrio en ello.

Hay algo que puede provocar la ruptura en la pareja, son los planes de futuro (donde pasar las vacaciones, donde comprar la vivienda….). En estas relaciones el deseo de romper no suele ser casi nunca mutuo y quien suele tomar la decisión son las mujeres, pues ellas son más capaces de tomar este tipo de decisiones y de superarlas. Puede ser que el motivo de que estén más preparadas para estas dificultades, sea su mayor aprendizaje.

-Parejas estables.
En esta ocasión el divorcio provoca un desconcierto enorme. La economía tiene que cambiar, el lugar de residencia también (por lo menos para uno de los dos) se tienen que poner de acuerdo en el tema de la custodia de los hijos, en el caso de que los haya. Por eso el primer año después del divorcio es el peor en el terreno emocional tanto para los padres como para los hijos.

Aunque está comprobado que el divorcio se está incrementando, no deja de ser una decisión difícil de tomar. Aún así hay varias causas que lo facilitan: más independencia económica de las mujeres, menos obstáculos legales, ya no es una deshonra divorciarse… en definitiva, las opciones de divorcio son más y más asequibles para la mayoría de la gente.

En estas relaciones también son las mujeres las que toan la decisión de romper. Suelen llevar mejor la ruptura porque al ser ellas las que lo hacen, se sienten menos rechazadas. Otro factor muy importante a la hora de esta decisión que haya amigo y familiares que puedan ayudar, un buen estado en la economía, que los hijos se encuentren en buena situación, y que haya un amante, aunque sea sólo de paso.
El divorcio.

-Los motivos del divorcio.

Es muy común que los ex-cónyuges tengan más sentimientos de rabia, entre ellos, que en los últimos meses de matrimonio. Las peleas legales por la custodia de los hijos, la pensión alimenticia, los bienes…. ayudan igual que lo hace el instinto de cada persona de mantener su autoestima; culpan al otro.

Las amistades se reducen porque les resulta difícil relacionarse con los dos miembros de la pareja, y el apoyo de los parientes políticos es escaso.

En el trabajo también suelen tener problemas, debido a que no tienen el mismo grado de atención. Están más expuestos a la soledad, desequilibrio, inadecuadas pautas a la hora de comer, dormir, trabajar, tomar alcohol, drogas…incluso a la confusión sexual. Estas cosas suelen desaparecer a lo largo de algunos años, pero a veces porque pueden permanecer en personas que no se vuelven a casar.

Sufren más de depresión. Está demostrado con estudios.

La existencia de los hijos también suele afectar a la adaptación, sobre todo si la carga económica cae en uno de los dos cónyuges y siguen manteniendo contacto. A demás su actitud se vuelve más desconsiderada o exigente con los padres, incluso muchas veces se vuelven celosos e intolerantes al ver a sus padres en nuevas relaciones.

Se puede decir que el padre se distancia de su hijo año tras año, no solo física sino, psicológicamente. No está en sus manos siempre poder acceder al contacto con frecuencia, muchas veces la imposición de la madre lo dificultad, por lo que en la mayoría de los casos de hombres divorciados y que no se han casado corren el riesgo de pasar una vejez solitaria.

-¿Por qué nos divorciamos?

Generalmente hay un distanciamiento emocional que termina con el divorcio. También puede ser que haya algo que lo precipite (por ejemplo una infidelidad), aunque no suele ser muy común si la pareja disfruta de una buena relación.

La mayoría de los matrimonios recuerdan el último año de su relación como infeliz, y en la mayoría de los casos es la mujer quien toma la decisión de separarse y terminar con ese malestar.

En las parejas jóvenes y en las adultas, se toma la determinación porque se busca en la relación algo que no se encuentra. Y lo más oportuno para esta situación parece ser la separación. La mayoría de las perspectivas no cumplidas son debidas a la poca información que hay sobre el matrimonio, tanto a nivel religioso como social. La comparación con la realidad desvela esas diferencias.

Cuando la pareja son personas adultas y ya los hijos se han independizado, les resulta mucho más fácil tomar la decisión (puesto que ya no tienen que “mantener” la estructura familiar), si la relación no era buena. Sienten que no pueden pasar el resto de su vida juntos y creen que esta decisión es lo más correcto.

-Los hijos ante el divorcio.

Para un hijo el divorcio significa no poder tener totalmente a sus padres. En la primera etapa hay menos acceso debido a los problemas emocionales de los padres. Hay poca comunicación y ésta suele ser poco directa y cuando ven que uno de sus progenitores abandona el hogar, se preguntan si el otro también lo hará.

Se sienten confusos, tristes, se enfadan con sus padres y con ellos mismos, se sienten culpables de la separación, creen que no han actuado como tenían que haberlo hecho. A veces tienen un comportamiento ejemplar, con la esperanza de que se reconcilien sus padres. En estas situaciones hay que explicarles que el divorcio es solamente causa de los padres y no de ellos, y que no hay marcha atrás.

Mientras el divorcio concluye y después de el mismo, la relación de los padres con los hijos cambia y se alejan afectivamente; no se ven en condiciones de ser cariñosos ni comunicativos y hay ocasiones en que controlan poco sus actos. Esto es expresamente llamativo cuando los padres lloran en sus hombros, compiten por la custodia e incluso llegan al soborno (emocional o a través de regalos).

Otra particularidad es el rechazo a que sus padres tengan otras relaciones de pareja. Si no son muy pequeños, se pueden ver a ellos mismos como el “hombre o la mujer de la casa” y, por lo tanto, protectores de el cónyuge con quien vive (sobre todo si es la madre). La presencia de otra persona les incomoda hasta el punto de convertirse en rivales y se comportan con ellos de manera muy hostil.

La reacción de los hijos

-El tipo de relación con los padres.

Tener apoyo emocional y compartir experiencias es algo muy importante en el desarrollo emocional de una persona, en este caso de los hijos. Más importante que los dos padres estén en casa es la calidad de la relación que se tiene, aunque el contacto no sea muy frecuente.

Es muy común ver a hijos que se encuentran mejor una vez que se han separado los padres. Si tenían buena relación con ellos pero tenían que aguantar las continuas peleas entre los padres, la separación quitará esa situación perjudicial.

-El grado de dificultad del divorcio.

Si durante el divorcio ha habido mucha enemistad, el hijo va a tener más temor y va a estar más enfadado, con lo que tendrá menos bienestar.

La manera de adaptarse posteriormente será más complicada por la inseguridad creada, sobre todo cuando crece su fragilidad por las continuas peleas por su manutención y custodia. Si a parte tiene que elegir por uno de los dos, la cosa es aún peor.

-Los cambios en su rutina diaria.

Su nueva vida como hijo de divorciado será más fácil si sigue manteniendo intacta el resto de su vida. Cambio de vivienda, de ciudad, de colegio, de amigos, de normas…serán una fuente más de estés que serán muy negativas para adaptarse a la situación.

Es muy importante que los padres tengan esto en cuenta, por el bien de sus hijos.
Los abuelos ante el divorcio.

-Los padres de la pareja.

Cuando termina el divorcio es mucho más fácil que los padres de quien ha obtenido la custodia vean con más frecuencia a los niños. Los padres del otro cónyuge lo tienen más difícil, sobre todo si el cónyuge que tiene la custodia cambia de lugar de residencia o si la relación entre las familias no es buena.

-El dolor de los abuelos.

Muchos de estos abuelos sufren con esta situación, a la que en algunos casos intentan poner remedio y solicitan derechos de visita.

La ley actúa de diferente manera según la sociedad. Según la opinión de los psicólogos, la manera de actuar en una familia es una cosa que puede incrementar mucho la empatía y aumentar el desarrollo personal del niño, pero igual que en todas las relaciones se tiene que valorar la calidad de dicha relación.

Sólo por estar vinculado mediante la sangre no garantiza la buena relación entre un nieto y un abuelo que la relación que el niño pueda tener con otra persona.Las consecuencias

Vanessa Arjona

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