José Luis Duarte Rivera José Luis Duarte Rivera Author
Title: Expresión corporal, mas que mil palabras de Lorena Rodríguez
Author: José Luis Duarte Rivera
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Posturas, ademanes, gestos y actitudes pueden ayudarnos a reconocer las verdaderas intenciones y rasgos de la personalidad de otras persona...
Posturas, ademanes, gestos y actitudes pueden ayudarnos a reconocer las verdaderas intenciones y rasgos de la personalidad de otras personas, la clave radica en ser observador y aprender a descifrar estos silenciosos mensajes, es decir, la expresión corporal.

Las formas de la palabra, oral y escrita, son los instrumentos de expresión más exactos que haya creado el ser humano, ya que permiten transmitir con facilidad desde simples datos hasta ideas abstractas; de hecho, los científicos consideran que el uso del lenguaje articulado representa una forma de comunicación eficaz que, además de diferenciar al hombre de los animales, le ha permitido documentar su historia.

Sin embargo, en el campo de las relaciones humanas no siempre es el medio más confiable para conocer las intenciones del emisor, quien puede expresarse haciendo creer a los demás una idea y pensar en todo lo contrario. Esta situación ambivalente, aunque difícil de detectar a primera vista, puede descubrirse al fijar la atención detalladamente en ese lenguaje no tan perceptible, el corporal.

Lo que "escondemos"
El célebre biólogo inglés Charles Darwin, impulsor de la Teoría de la Evolución, investigó arduamente el lenguaje del cuerpo en 1827 y estipuló que gestos y posturas son realizados por todos los miembros del reino animal para estrechar lazos sociales, defender su territorio y mostrar autoridad. Se trata de señales silenciosas y sublimes mensajes cuya significación e implicaciones, una vez descubiertos, permiten identificar la información que no está explícita en charlas convencionales.
Algunos estudiosos en la materia han analizado videos de reuniones sociales, en los cuales cuantificaron el número de sonrisas de alguien en particular, midieron distancias entre las personas y contaron el tiempo que dura su contacto visual, entre otros sutiles indicadores, con lo cual llegaron a la conclusión que en muchas ocasiones las palabras mienten. Por ejemplo, llega a suceder que una persona es capaz de hablar abiertamente y con seguridad, aparentando aplomo y empatía con los demás, pero al cruzar los brazos delante del pecho o cerrar los puños al mismo tiempo, insinúa falta de confianza o nerviosismo.

Como podrá darse cuenta, en el código del cuerpo una sonrisa, inclinación de cabeza, movimiento de manos o cambios de posición logran exteriorizar sentimientos o ideas con tanta o más claridad que las palabras. Para identificar los mensajes que conllevan no es necesario ser experto en la materia o dedicar muchas horas al estudio del comportamiento humano, basta con agudizar los sentidos y aprender a leer esos mensajes implícitos e identificar las claves subyacentes en el modo de hablar de cualquier individuo.

Por otra parte, también es posible transmitir algo de nuestro interior haciendo uso de objetos, por ejemplo, los anteojos, pues mirar a alguien por encima del borde de éstos suele considerarse señal de juicio crítico, asimismo, la manera de sostener un cigarro y aspirarlo, son signos sutiles aprovechados por los jóvenes para reflejar imagen sofisticada. Del mismo modo, mantener la punta de un bolígrafo en la boca o acomodarse en forma insistente alhajas que se porten es indicativo, según los psicólogos, de necesidad de liberar la ansiedad reprimida.

El cuerpo "habla"

El lenguaje corporal comprende cualquier movimiento de una parte o totalidad del cuerpo, y mediante él se comunican mensajes emocionales al mundo exterior, los cuales suministran datos sobre el estado en que nos encontramos, así, cuando nos movemos de manera lenta y uniforme reflejamos tranquilidad, mientras que si es en forma rápida y entrecortada, expresa nerviosismo.

A su vez, el movimiento de manos ayuda a esclarecer información verbal poco clara, pero hay momentos en que éstas pueden revelar emociones de manera involuntaria, por ejemplo, si se entrelazan fuertemente o se juguetea con ellas son signo de tensión.

Por otra parte, el grado de proximidad puede decirnos mucho, por lo que se considera que el contacto a 45 centímetros es la distancia apropiada para reñir, conversar íntimamente o comunicarse mediante el tacto, olor o temperatura del cuerpo; a 1 metro es ideal para discutir asuntos personales, y más allá de 4 metros se denomina pública, adecuada para pronunciar discursos o algunas formas muy rígidas de conversación.

Galanteo

Toda mujer sabe cómo responder a los requerimientos amorosos de un hombre atractivo, enfriar una relación, alentarla y controlar su conducta, de modo que no muestre elementos sexuales. Aunque en muchas ocasiones no se puede precisar con exactitud la manera de realizar lo anterior, hay quienes ni siquiera se percatan de que la técnica es en gran medida no verbal, pese a que durante el galanteo dichas señales pueden transformarse en insinuación seductora.

Una pareja en esta situación también suele arreglarse en cuanto ve a la persona que le interesa, por ejemplo, las mujeres juguetean con su melena o se acomodan la ropa por encima, en tanto que el hombre pasa la mano por el cabello, estira sus calcetines y toca su corbata. Por lo general son actos que se realizan de manera automática e inconsciente y, a medida que avanza el flirteo (coqueteo), las manifestaciones son más abiertas: miradas rápidas o prolongadas a los ojos del otro o extender un brazo o pierna a manera de no permitirle el paso a un intruso.

En ocasiones la pareja se entrega al llamado tacto de sustitución, por ejemplo, una mujer puede pasar suavemente el dedo por el borde de una copa en un restaurante o dibujar figuras imaginarias sobre el mantel o acariciar lentamente su muslo o muñeca.

Una vez que la mujer exhibe su sexualidad para atraer al hombre, lo tranquiliza mediante comportamiento infantil, el cual se caracteriza por miradas tímidas, cabeza inclinada hacia un lado y gestos aniñados. El hombre, a su vez, demuestra su masculinidad poniéndose muy erguido y gesticulando agresivamente, para posteriormente recurrir a actitudes de niño.

Qué dicen los ojos

Para un hombre es más fácil denotar intenciones sexuales con los ojos que para la mujer, pues es frecuente observar que dirigen miradas prolongadas a senos, nalgas o genitales, o bien, miran directamente a los ojos.

Asimismo, hay que considerar que el comportamiento ocular puede ser crucial en etapas iniciales de una amistad porque se realiza sin esfuerzo. En una habitación llena de gente y aun antes de intercambiar palabra alguna es posible iniciar relación preliminar sólo con los ojos, a lo que seguirá una conversación.

Cabe destacar que de la misma manera en que los movimientos oculares transmiten sentimientos, expresan el estado de ánimo de una persona, por ejemplo, si se encuentra turbada o disgustada trata de evitar la mirada del emisor; aunque por otra parte, dicha actitud puede reflejar que el individuo está mintiendo.

Ahora bien, cualquiera que sea la circunstancia vivida, no hay que dejarse guiar por interpretaciones simplistas, pues con mucha frecuencia este lenguaje silencioso también sirve como refuerzo o complemento a las palabras que lo acompañan, otorgando mayor énfasis a las afirmaciones de quien se comunica. A veces los movimientos o gesticulaciones pueden tener causa física directa, en lugar de complicadas explicaciones psicológicas: por ejemplo, una mujer que frunce el ceño al hablar con alguien posiblemente muestre aversión o quizá sólo padezca dolor de cabeza.

De cualquier forma, resulta muy provechoso aprender a interpretar estas claves, ello con el fin de aplicarlas para beneficio propio en el momento de buscar empleo, hacer nuevas amistades o tratar con amigos y familiares.

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